
Las instituciones religiosas ocupan un lugar cada vez más amplio en la vida cotidiana de los argentinos: además del acompañamiento espiritual, una parte de la población recurre a iglesias y templos para resolver necesidades vinculadas con la alimentación, el empleo, la salud, la educación y otras situaciones sociales. El tercer Barómetro de las Religiones y las Creencias en Argentina, elaborado por el Observatorio de las Creencias en Argentina (OCREAR) del Ciclo Básico Común de la Universidad de Buenos Aires, determinó que el 35,5% de la población concurrió a una institución religiosa durante los últimos 12 meses y que, dentro de ese grupo, el 16% buscó asistencia económica, alimentaria o laboral.
El relevamiento fue realizado mediante una encuesta probabilística de alcance nacional sobre 904 casos. El acompañamiento espiritual aparece como el principal motivo de asistencia, con el 21,7% de las respuestas. Sin embargo, los pedidos relacionados con necesidades concretas también tienen una presencia significativa.
Los problemas de salud fueron mencionados por el 10,5% de los encuestados, mientras que el 8,9% señaló haber recurrido a una institución religiosa en busca de ayuda económica o alimentos. A su vez, el 7,1% lo hizo por capacitación o búsqueda de empleo, el 5,6% por apoyo escolar y el 3% por situaciones vinculadas con violencia familiar.
Gabriela Irrazábal, investigadora que participó del estudio, sintetizó uno de los principales resultados del trabajo al señalar: “Muchos van por comida. Eso es impactante”.

La especialista explicó que el relevamiento permite observar las demandas que las comunidades religiosas recibieron durante el último año y sostuvo: “Si sumamos la ayuda por salud, trabajo y alimentos, vemos que los templos religiosos cumplen una función mucho más amplia que la espiritualidad”. En conjunto, las demandas vinculadas con cuestiones económicas y laborales alcanzaron 16 menciones cada 100 personas encuestadas.
El informe también identificó diferencias según la pertenencia religiosa. Las iglesias evangélicas registraron el mayor nivel de concurrencia en busca de asistencia: el 64,6% de las personas pertenecientes a esa religión acudió durante el último año a una iglesia para solicitar algún tipo de ayuda.
Entre los católicos, la proporción fue del 38,8%, mientras que entre las personas sin afiliación religiosa alcanzó el 7,2%. En este último grupo, pese a no identificarse con una religión, hubo personas que igualmente recurrieron a un templo para pedir asistencia.

Los investigadores vincularon estos resultados con la existencia de redes comunitarias y con el nivel de articulación entre pertenencia religiosa y mecanismos de apoyo social.
El estudio se realizó en un contexto en el que, según el último informe del observatorio, aumentó la cantidad de personas que no creen o no practican una religión, mientras que creció el sector evangélico y disminuyó la población católica.
Irrazábal señaló que “el cristianismo va decreciendo y aumenta la gente sin religión, pero los niveles de creencia en Dios continúan siendo altos”.
Los adultos mayores recurren más a los templos
La edad aparece como otro de los factores que inciden en la relación con las instituciones religiosas. El 45% de las personas de 50 años o más manifestó haber concurrido a un templo durante los últimos 12 meses.
La proporción se redujo al 34% entre quienes tienen entre 16 y 29 años y al 27,6% entre las personas de 30 a 49 años.

El nivel educativo también marcó diferencias. Entre quienes no habían completado el secundario, el 42,8% acudió a instituciones religiosas durante el último año. El porcentaje descendió al 33,2% entre quienes finalizaron la secundaria y al 26,6% entre las personas con estudios terciarios o universitarios.
Dentro del grupo de adultos con escolaridad secundaria incompleta que acudió a templos, el 26,9% buscó apoyo frente a una crisis espiritual, el 14,9% lo hizo por problemas de salud y el 12,5% solicitó asistencia económica o alimentaria.
La investigadora definió el relevamiento como “una fotografía del contexto actual y del vínculo poblacional con las instituciones religiosas en los últimos 12 meses” y remarcó que se trata de “un pedido de ayuda que no es únicamente a Dios, sino también a las personas que componen la institución”.